Burn out y Desgaste por Empatía
- 8 ago 2016
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Síndrome del Quemado (Burn –out) y Desgaste por Empatía ( Compassion Fatigue)
Es frecuente oír en el ámbito laboral expresiones del tipo: “estoy cansado”, “estoy quemado”, “no tengo ganas de seguir trabajando”, “hoy no puedo más”, “estoy rendido”, “todo me da lo mismo”. Cuando se trabaja con seres humanos, y más concretamente con el sufrimiento humano, especialmente en momentos cercanos a la muerte, este tipo de manifestaciones son más frecuentes y más evidentes; aunque la realidad es que cuando el trabajo y su ritmo comienzan a pesar, es momento de poner atención.
El malestar sufrido por profesionales o trabajadores involucrados en el manejo de situaciones altamente estresantes, emocionalmente demandantes y/o traumatizantes a nivel secundario ( como es el trabajo con pacientes terminales, víctimas de violencia y/o abuso, afectados por catástrofes, personas en situaciones límite…), puede identificarse con diferentes términos: Desgaste por Empatía (Compassion Fatigue), traumatización vicaria o estrés traumático secundario.
El Desgaste por Empatía es un concepto en evolución dentro de la Psicotraumatología. Se asocia con el “costo de cuidar” de otros que padecen sufrimiento emocional (Figley, 1982). Se le ha descrito con innumerables términos a lo largo del tiempo, como son: victimización secundaria, estrés traumático secundario, traumatización vicaria, entre otros. Y puede verse enmascarado bajo otros conceptos relacionados como son: contagio emocional, burn-out, contratransferencia o desmotivación del trabajador.
Todos los términos anteriores, son los que se han empleado para para nombrar el estrés post-traumático sufrido por terapeutas, o por cualquier otro profesional o trabajado involucrado en el manejo de situaciones altamente estresantes y/o traumatizantes.
El Desgaste por Empatía se relaciona con el esquema cognitivo del profesional, lo que involucra su moral o percepción del contexto social e interpersonal. En estudios realizados a terapeutas de pareja y familia, se ha encontrado una fuerte relación entre el Desgaste por Empatía y cogniciones asociadas con la moral en la vida personal y profesional, y la percepción del valor de la familia, amigos, comunidad y otros recursos sociales.
Quienes trabajan con el sufrimiento humano son más vulnerables a padecer de Desgaste por Empatía, dado que la empatía es un recurso importante en el trabajo con poblaciones traumatizadas o sufrientes. También, el hecho de que muchos de estos trabajadores hayan experimentado algún evento traumatizante en sus vidas los predispone más a sufrir Desgate por Empatía. Los traumas no resueltos del trabajador pueden ser activados por la situación del paciente y su familia. Quienes trabajan con niños están más expuestos, dado que el sufrimiento infantil afecta más intensamente.
La propia historia de traumas profesionales, tanto como el contexto organizacional en el que trabaja, condicionan fuertemente la resiliencia del mismo. Procurar que el trabajo no sea lo único que nos define como persona sería un mecanismo de protección. El profesional cuyo trabajo está centrado en el alivio del sufrimiento emocional de sus pacientes, automáticamente absorbe información acerca del sufrimiento. A menudo absorbe también el mismo sufrimiento, empapándose de él.
El Burn-out, o síndrome del quemado, es una manifestación del desgate personal del trabajador resultado de la interacción diaria, entre el trabajo que realiza y sus especiales circunstancias que lo distinguen como persona. Crea una gran insatisfacción con el trabajo realizado y constituye un agotamiento en todos los niveles. La primer señal se presenta como un agotamiento emocional; un cansancio físico y un estado de desánimo, así como la pérdida de la motivación de estar en compañía, molestias con facilidad y aislamiento. En su vínculo con los demás se denota un cierto desprecio por el trabajo en conjunto o en equipo, se deshumaniza y entra en la etapa de desinterés y falta de compromiso. El Burn-out provoca en el individuo una desincronización con el grupo y con su trabajo, considerándose incompetente para atender en forma eficiente sus tareas.
El concepto de Burn-out fue introducido por Freudenberger en 1974 para describir el estado de agotamiento físico y mental que observó entre voluntarios de una clínica de desintoxicación. Posteriormente Maslach lo desarrolló y definió sus tres dimensiones características: cansancio emocional (CE), como la pérdida de recursos emocionales para afrontar el trabajo; la despersonalización (DP) o desarrollo de actitudes negativas y cinismo hacia los receptores del servicio, y disminución de la realización personal (RP) o tendencia a evaluar el propio trabajo de una forma negativa, con baja autoestima profesional.
El Burn-out es un estado de agotamiento físico, emocional y mental causado por el involucramiento en situaciones emocionalmente demandantes durante un tiempo prolongado; se pueden distinguir cinco fases en el desarrollo del síndrome:
Fase inicial, de entusiasmo: Se experimenta, ante un nuevo puesto de trabajo, entusiasmo, gran energía y se dan expectativas positivas. No importa alargar la jornada laboral.
Fase de estancamiento: No se cumplen las expectativas profesionales. Se empiezan a valorar las contraprestaciones del trabajo, percibiendo que la relación entre el esfuerzo y la recompensa no es equilibrada; se define un problema de estrés psicosocial. El profesional se siente incapaz para dar una respuesta eficaz.
Fase de frustración: En esta fase aparecen la frustración, desilusión o desmoralización. El trabajo carece de sentido, cualquier cosa irrita y provoca conflictos en el grupo de trabajo. La salud puede empezar a fallar y aparecer problemas emocionales, fisiológicos y conductuales.
Fase de apatía: Se suceden una serie de cambios actitudinales y conductuales como la tendencia a tratar a los clientes (o usuarios) de forma distanciada y mecánica, la anteposición cínica de la satisfacción de las propias necesidades al mejor servicio al cliente y por un afrontamiento defensivo – evitativo de las tareas estresantes y de retirada personal.
Fase de quemado: Colapso emocional y cognitivo, con importantes consecuencias para la salud. Además, puede obligar al trabajador a dejar el empleo y arrastrarle a una vida profesional de frustración e insatisfacción.

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